Boby se cayó

Por la ventana semiabierta entra la luz caliente de una noche de verano. Estoy acostado en mi cama, entre mis sábanas con el diseño de perro, esperando a que mamá me dé mi beso de buenas noches. Es raro dormirse cuando afuera todavía hay sol y se escuchan los ruidos de los niños más grandes que juegan a la pelota en la calle. Mi hermano también está corriendo por ahí. Tiene cinco años más que yo y por eso mi papá dice que puede acostarse más tarde. No me parece justo, pero mi papá me hace callar cuando me quejo. A mi hermano nunca le hace callar.

Mamá va a ir a comer churrasco con los vecinos y van a charlar mucho —esas charlas que son tan aburridas. Mientras, yo ya estaré dormido durante horas. Cuánto daría por poder quedarme más tiempo despierto, jugando como mi hermano con los otros niños, en la calle a la última luz del día. Pero un niño de seis años necesita mucho descanso, por lo menos eso me dicen.

Hoy es martes, le toca al San Bernardo dormir conmigo. Tengo siete peluches, todos perritos de distintas razas, y cada día duermo abrazado a uno diferente para que ninguno se sienta rechazado. Me parece importante que todos vean que los quiero por igual (aunque en realidad el Dálmata es mi favorito, pero no quiero que los otros se enteren). Claro que sé que solamente son peluches, que no tienen sentimientos. Pero a veces se me hace como si estuvieran tristes cuando me miran con sus ojos negros y fríos.

Entra mi mamá. Me acaricia el pelo, me da un beso que huele a lapiz labial y me sonríe cuando le explico que hoy es turno de Boby, el San Bernardo. Me dice que soy muy tierno y que está orgullosa de mí. Después cierra las cortinas y oscurece en mi cuarto. Pero todavía escucho a los niños gritando y ya siento también el olor a carne asada.

Papá no está, llega más tarde del trabajo. Mamá se va y deja su olor a perfume. Me duermo enseguida, aunque creía no tener sueño. Cuando me despierto ya está oscuro. A Boby lo he tirado de la cama sin querer. Escucho ruidos en la casa, mi papá está gritando a mi mamá. Se pelean mucho últimamente. Me levanto y recojo a Boby del suelo. Bajo silenciosamente las escaleras con mi peluche en los brazos. Escucho varias veces que papá dice mi nombre. Me acerco más a la puerta y siento mis pies descalzos helados. Mamá está llorando y dice que solamente fue una vez hace muchos años. Mi papá le pregunta por qué entonces fue esta noche al churrasco del vecino y tan arreglada. Mamá no contesta.

Abro la puerta y les digo que Boby se cayó de la cama.